jueves, 16 de julio de 2015

La nana de mi Luna...

Era un monstruo diferente, de esos que se han acostumbrado a la soledad y a hacer acrobacias sin que nadie les de un beso de recompensa final. No era un monstruo triste, sino de los que no creen en regalos sorpresa en forma de nube de azúcar. Tampoco era conformismo, era otra forma de vida que le había llevado a convertirse en un ser que no creía en la magia.
El día que entró en mi jardín, mi corazón reverdeció. No es que estuviera en invierno, sino que padecía un otoño largo…donde las hojas secas ya se amontonaban, ideales para saltar, pero engorrosas de limpiar.
Me lo encontré de repente, mirándome y dedicándome una amplia sonrisa…me gustó esa cara desde el principio…y me apunté en el dorso de mi mano: “más sonrisas como esa cada día”, porque no quería olvidarla.
Como buena anfitriona, le mostré mi pequeño universo donde el dragón da besos en lugar de escupir fuego, los unicornios cabalgan libremente sin miedo de cazadores furtivos y donde el Amor va de la mano de un León…
Y él me contó su historia…de cómo encontró mi jardín una noche desde su telescopio lunar, y que incluso, un día disfrazado de abeja, se coló y me besó sin que lo supiera.
¡Recordaba aquel beso!-le dije sorprendida- ¡Claro que me di cuenta!...no es tan fácil eso de robar un beso…y menos cuando sabe tan dulce como la miel.
El monstruo sorprendido se transformó ante el cumplido, y pude escuchar como su corazón rompía su muro hecho, durante años, de pequeñas piedras de canto marino. Volvió su sonrisa, pero no sólo a la comisura de sus labios, sino que poco a poco, fue subiendo hacia sus pómulos, su nariz y sus ojos…tenía unos ojos que cada vez que los miraba la luna se reflejaba brillante en ellos.
El monstruo ya no era monstruo, le enseñé a sonreír desde dentro, a creer en unicornios y a volar con mi dragón, a besar sin robar besos y sobretodo le enseñé, en forma de margarita, el te quiero que guardaba mi corazón.
A veces tiene que volver a la Luna, tiene sus responsabilidades, pero sé que desde su telescopio puede ver mi jardín. Sigue aquí…esperándole. Y yo también.
Por eso, si me ven de noche mirando a la Luna sonriente, no es que sea licántropo, es que quiero que me vea contenta y regrese.

Vuelve pronto…

3 comentarios:

Willy dijo...

Media hora delante del teclado y sólo me sale un.. GUAU!!!!

Isabel de León dijo...

Gracias Willy...m regusta q t guste!!jejje
Gracias x pasar a leer a la chica...

Saludos de la chica q mira la luna

Desinflada dijo...

Me encanta chica!!!