miércoles, 24 de junio de 2015

La vereda de la puerta de atrás.

Sigo la vereda que marcamos al andar con el corazón en la mano, repleto de primavera y polvo de hadas, aunque no lo necesito para volar…basta con el roce de tus manos para abrir mis alas de mariposa hibernada y empezar a levitar.
En cada surco que encuentro intento plantar una semilla, para que cuando te encuentres oscuro y solitario, veas crecer margaritas hechas de esperanza con mis manos.
Y mi percepción va más allá de la tuya (recuerda que no soy de este mundo) y entre las miles de cosas que no puedo contarte, al final del camino hay una puerta de madera, que sostiene una casa hecha de nubes y en cuyo tejado ya sabes que te espero mirando el cielo desde el que llegué una noche para encontrarte. Debes subir esos escalones musicales que me has enseñado, sin temor a lo que puedas encontrar, porque recuerda que tendré mi mano siempre tendida para que no tropieces.
Rodeando, hay un jardín enorme donde el verde es eterno y mi dragón de la suerte te espera para contarte lo que ha hecho mientras no estabas. La Luna que llevas tatuada, se refleja en un pequeño lago artificial, y cada mañana el Alba viene a dejar allí su traje azul sedoso y a jugar con mi dragón…se han hecho íntimos.
No hay puerta de atrás aquí por donde entre la pena, ni por donde nada escape dejando olvido…pero he tallado para ti sobre una roca nuestros nombres, para que cuando estés en tu mundo, no olvides que estamos juntos en este.

Puede que leas esto y no alcances a ver todo lo que yo he podido…puede que sonrías e imagines que es posible…puede que sólo tengas que creer…