
Fue días después cuando noté que aquel fardo en mi costado me empezaba a molestar…tantos sueños dentro rozaron sobre mi piel y avivaron una herida mal curada en mi corazón.
¡Joder!- pensaba -¡siempre me pasa igual!, ¿es que no voy a aprender de mis propios errores?
He aprendido a no dejar más que el mínimo rastro, pero nadie me ha enseñado a vaciar maletas, de manera que tengo todo un armario de gigas en mi ordenador lleno de noches contigo, con otros…
Con las que realmente sucedieron…y con las que están aún a medio contar.