
Me senté a esperar que me llamaran y, mientras, me entretenía con los pacientes.
Confieso que tengo esa manía, con muchas cosas realmente, observar y hacerme preguntas al respecto o ponerme en situación…una especie de método Stanislavski que después me ayuda mucho en mis historias. Y le tocó, esta vez, a una madre joven justo en frente de mí.
Guapa, maquillada, vestida a la moda, con unos botines preciosos (mi debilidad: los zapatos)…en fin, como yo suelo comentar, perfectamente fashion y glamurosa…para rematar, un carrito de bebé. (¡Uff que fuerte!) Mimaba y acunaba cariñosamente a su niña. La miraba con dulzura, intentando con el arrullo, tranquilizarla y dormirla.
Esa chica tenía mi edad prácticamente, y no es que esté en contra de la maternidad, simplemente aún me choca…nunca voy a estar preparada, lo sé. Pero le tocó a mi parte imaginativa empezar a desarrollar su historia.
Y me veía en el papel…allí, tal cual, acunando a mi niña. ¿Cómo hubiera sido mi vida entonces?...ciertamente, solo puedo imaginarlo.
Salí de mi ensoñación cuando el Doctor me invitó a pasar, y mientras entraba, pensaba que de pequeña, me encantaba jugar a las casitas con la Barbie, pero sobre todas las cosas, lo que más me gustaba, eran las mil situaciones que “vivía” enamorando al Ken.
No tengo remedio.