En un pasillo estrecho, angosto, tacaño al espacio y con seis ventanas colgantes, dejé un rastro de migas. Los pájaros se posaban desconsolados ante los cristales, celdas de su deseo. Y al final del camino, creado por el hambre de la esperanza, te espera la chica que conoces. No temas. No hay más.
Lo escucho retumbar, vibrar, sacudirme…cuando se agita el cuerpo de dentro hacia fuera…como estar cerca de un altavoz en máxima potencia…y no puedo hacer nada…porque no hay remedio. No hay puentes sobre el mar, ni alas para volar y mi imaginación se cansó de crear todas las posibles posibilidades redundantes y paradójicas. Me he limitado a tenerte en las letras, entre los dedos (pero como el agua), entre los labios como un suspiro y dentro…sin salir.
La habitación 328 del HUC está estéril. Han vaciado la posibilidad de vida y los proyectos de futuro. La mujer ya no es mujer, reducida a un recipiente sin posibilidad de contenido. Y disconforme mira el ventanal que le muestra lo que nunca acunará. Y como Kahlo recrea en el subconsciente la posibilidad imposible que la ahorca en su finitud femenina…y escucha en el rechinar de las puertas blancas…”nunca podrás”. Y la vida en ella ya es sueño que sueña con vivir la vida que nunca engendrará. Y los sueños, sueños son…solo queda imaginar.